martes, 28 de diciembre de 2010

Review: Never Let Me Go



















La primera y última película que dirigió Mark Romanek fue One Hour Photo, en 2002, un crudo pero bellamente filmado retrato de Sy, hombre obsesionado y mentalmente perturbado que trabaja en una tienda de revelado de fotos. Tuvieron que pasar 8 largos años para que este talentoso director nos volviera a impresionar con otra de sus obras. Sigue leyendo para ver el review de su segunda película: la hermosa Never Let Me Go.

La película protagonizada por Carey Mulligan (An Education), Keira Knightley (Atonement) y Andrew Garfield (The Social Network) está basada en la novela de Kazuo Ishiguro del mismo nombre, de cuya historia central, para ser franco y justo con ustedes, me gustaría mencionar lo estrictamente básico: un grupo de niños es criado en una escuela de Inglaterra, donde viven, se educan, y entablan amistades, para luego descubrir que se ha designado un futuro específico para ellos. 

Never Let Me Go en sí es una fiel representación de la novela, capturando tanto el tono preciso que el libro transmite, como la humanidad de sus personajes. En su nuevo filme, Mark Romanek muestra por segunda vez que hay pocos directores mejores que él al transmitir sentimientos mediante las imágenes. Never Let Me Go es una película hermosa, triste, y desgarradora al mismo tiempo, y esas son sensaciones que el celuloide exuda a través de bellísimos y desoladores paisajes llenos de colores invernales y pálidos, y por supuesto, a través de personajes que nos invitan a la introspección.

Una de las razones por las que quería ver Never Let Me Go era el nuevo Peter Parker, Andrew Garfield. Su papel en The Social Network como Eduardo Saverin dejó en mi una tan buena impresión que sabía que su rol en Never Let Me Go como un poco inteligente pero muy sensible Tommy sería algo digno de presenciar. Y no estaba equivocado. Con muy poco diálogo y con más expresiones que otra cosa, tanto Knightley, Mulligan, y Garfield llevan a cabo una performance a la altura de una película que necesita de grandes actuaciones y actores que puedan transmitir una extraña conjugación de inocencia, amor y sufrimiento. La novela de Kazuo Ishiguro tiene un tono muy específico, y a diferencia de lo que ha pasado con otras adaptaciones este año (léase Scott Pilgrim Vs. The World) nada parece forzado, al contrario, todo acá calza a la perfección; cada movimiento, cada actitud, y cada expresión facial de los actores es nada más que una perfecta traducción de sus símiles del papel a la pantalla grande.

Ahora, basta de lo general y vamos al asunto real. Desde aquí: Alerta de SPOILERS.

Como ustedes sabrán, Never Let Me Go está situada en una Inglaterra distópica en la década de los 90, contada en flashback, donde muchas enfermedades han dejado de existir gracias a una base constante de donadores de órganos creados a través de la clonación. Hailsham es una de las instituciones que cría y educa a los futuros donantes, y es a donde Ruth (Knightley), Tommy (Garfield), y Kathy (Mulligan) pasan sus días de niñez. En Hailsham los niños son bien educados, pero no informados de su condición de donantes hasta una edad de madurez. Kathy, nuestra protagonista, es una niña brillante y muy sabia para su edad, y ha tenido desde siempre un interés amoroso por el torpe pero de gran corazón Tommy. Por cosas del destino, al crecer, y cuando ya viven lejos de Hailsham en un refugio, Ruth, amiga de ambos, entabla una relación amorosa con Tommy, mientras que Kathy queda relegada a pasar sus días de juventud sin contar con el amor de Tommy.

10 años pasan y todos, ya adultos y viviendo separados, se preparan para realizar sus primeras donaciones de órganos. Kathy se ha convertido en una Cuidadora; cuya labor principal es velar por quienes están donando sus órganos, tal como ella lo deberá hacer en unos años más. Mientras que Kathy todavía mantiene su cuerpo intacto, Ruth y Tommy han pasado ya por donaciones, y es Ruth quien se ha llevado la peor parte. Hasta este punto, Never Let Me Go ahonda en las distintas personalidades de los personajes y nos muestra una realidad que suena terrible, pero de la cual no hemos visto aún las consecuencias. Cuando vemos a Ruth en un estado de salud deplorable, y a un Tommy creyendo puerilmente que existe una posibilidad de aplazar sus donaciones para pasar más tiempo con su ahora amada Kathy, la película comienza a explorar los temas más oscuros de la condición humana. 

Mark Romanek es fiel a la novela al presentar esta metáfora de la humanidad y sobre nuestros futuros. En esta línea, el personaje de Ruth es quien debe enfrentar su destino sin siquiera poder enfrentarse a él. Por otro lado, Tommy es un soñador, quien ha vivido toda su vida como un niño que no ha sabido tomar el peso de las circunstancias bajo las cuales se ha criado. Finalmente Kathy es la que estoicamente acepta su devenir como una futura donante. Las últimas palabras de Kathy son las que le dan el sentido a Never Let Me Go: la diferencia entre sus vidas y las de cualquier otro ser humano es muy poca; todos tenemos una vida y aquella vida está siempre pronta a terminar. 

Never Let Me Go es una historia triste y con mucha verdad a pesar de su trasfondo de ciencia ficción. Pero lo más importante es que tiene pasajes que son narrados y mostrados con tanta belleza que uno no puede sino rendirse ante semejante obra, con todas las dudas sobre nuestra existencia que surgen en esas cortos 103 minutos de duración. No recomendaría este filme a cualquiera que busque diversión por diversión. Seguro Never Let Me Go ofrece una buena forma de pasar poco más de una hora y media en el cine, pero su fin es que de alguna forma nos podamos reflejar y podamos, finalmente, aprender algo de estos tres personajes, que a pesar de ser clones y ser vistos como una herramienta, viven, crean, y aman.

No dejar pasar, por favor.




1 comentario:

Comenta!